2.7.10

Recuerdo y placer


El nacimiento y la disolución del momento del amor están vinculados a la dialéctica del recuerdo y del deseo. El deseo y la evocación de los primeros deseos colmados (la no resistencia de los accesos) se refuerzan mutuamente. En el momento propiamente dicho, recuerdo y deseo coinciden. El momento del amor es un espacio-tiempo de lo auténticamente vivido, un presente donde se condesan el recuerdo pasado y el arco del deseo tendido hacia el porvenir. En la fase de ruptura el recuerdo prolonga el momento apasionante, pero el deseo decrece poco a poco. El presente se descompone, y el recuerdo se vuelve nostálgicamente hacia la felicidad pasada,, mientras que el deseo aprehende la desdicha por venir. El recuerdo lleva el fracaso del pasado reciente, y acaba por debilitar el deseo.

Inmóviles el uno en el otro, el placer nos trasporta.

El principio de placer debe gobernar nuestras vidas. Y si en esa busqueda nos econtramos con el displacer, tenemos que saber que éste es el fallo en el juego del deseo o la pasión, un displacer positivo dirigido tanto con mas pasión sobre otro placer por construir.


6.6.10

Bolívar Echeverría y la modernidad no capitalista

"La tentación de "cambiar el mundo" --"cambiar la vida"-- se introdujo primero en la dimensión política. A fines del siglo XVIII, cuando la modernización como Revolución Industrial apenas había comenzado, su presencia como actitud impugnadora del ancien régime era ya indiscutible; era el movimiento histórico de las "revoluciones burguesas". La Revolución vivida como una actividad que tiene su meta y su sentido en el progreso político absoluto: la cancelación del pasado nefasto y la fundación de un porvenir de justicia, abierto por completo a la imaginación Pronto, sin embargo, la tentación utopista fue expulsada de la dimensión política y debió refugiarse en el otro ámbito del progresismo absoluto, el de la potenciación de las capacidades de rendimiento de la vida productiva. Mientras pudo estar ahí, antes de que los estragos sociales de la industrialización capitalista la hicieran experimentar un nuevo rechazo, fue ella la que dotó de sentido a la figura puramente técnica de la modernización. El "espíritu de la utopía" comenzaría hacia finales del siglo XIX un nuevo -- ¿último?-- intento de tomar cuerpo en la orientación progresista del proceso de modernización; el intento cuyo fracaso vivimos actualmente.

Detectar en el campo de la teoría la posibilidad de una modernidad diferente de la que se ha impuesto hasta ahora, de una modernidad no capitalista. Lo hacen, primero, a partir del reconocimiento de un hecho: el estado de perenne inacabamiento que es propio de la significación de los entes históricos; y segundo, mediante un juego de conceptos que intenta desmontar teóricamente ese hecho y que, para ello, pensando que "todo lo que es real puede ser pensado también como siendo aún sólo posible" (Leibniz), hace una distinción entre la configuración o forma de presencia actual de una realidad histórica, que resulta de la adaptación de su necesidad de estar presente a las condiciones más o menos "coyunturales" para que así sea --y que es por tanto siempre substituíble-- y su esencia o forma de presencia "permanente", en la que su necesidad de estar presente se da de manera pura, como una potencia ambivalente que no deja de serlo durante todo el tiempo de su consolidación, por debajo de los efectos de apariencia más "definitiva" que tenga en ella su estar configurada. De acuerdo a esta suposición, la modernidad no sería "un proyecto inacabado"; sería, más bien, un conjunto de posibilidades exploradas y actualizadas sólo desde una perspectiva y en un solo sentido, y dispuesto a que lo aborden desde otro lado y lo iluminen con una luz diferente."


El malestar de la velociodad





El desenvolvimiento del tiempo en términos de las relaciones capitalistas de producción, es decir, la necesidad del capital a incrementar aquello que llama eficiencia. Conlleva a matar-anular el tiempo necesario para la reproducción de la vida en términos normales, así como eliminar el ocio de las personas, contraponiéndose con el bienestar de la colectividad. Provocando serios problemas en los distintos ámbitos de la vida de los hombres llegando a un momento en el que “¡Pensar que existe gente que tiene que confiar en otro para saber si está sentada!". Es la expresión máxima de la decadencia, explotación de la vida y desaparición de los ciclos naturales del cuerpo. "El cuerpo cansado es un cuerpo que se rebela, un cuerpo que ha hecho el paro y defiende su derecho natural a reposar. A través del agotamiento, el tiempo biológico intenta imponerle un compás distinto al hombre del tiempo frenético; le dice: Detente...”








4.6.10

Un poco de Reich y la revolución sexual


"Se debe tener en cuenta que los seres humanos de nuestra época tienen un miedo increíble precisamente a ese modo de vida que desean tan de veras pero que está en contradicción con su propia estructura. Es cierto que la resignación sexual de la cual es víctima la inmensa mayoría de los individuos significa indolencia, vacío vital, parálisis de toda iniciativa y actividad sana, o por el contrario, es la razón de excesos brutales y sádicos; pero, por otro lado, procura una tranquilidad relativa a la vida. Es como si la muerte se anticipa a las formas de vida; ¡ se vive muriendo! Los individuos prefieren esta muerte viviente cuando su estructura síquica es incapaz de dominar las incertidumbres y dificultades de una vida realmente viva".

22.5.10

Qué costumbre tan salvaje...


¡Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos!, ¡de matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la tierra! Es tratarlos alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.
Yo siempre estoy esperando a que los muertos se levanten, que rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras?

Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la caja, la introducen, le ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras, paletada tras paletada, terrones, polvo, piedras, apisonando, amacizando, ahí te quedas, de aquí ya no sales.

Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos derramados. Es una burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de su muerte? ¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o tirarlo a un río?

Habría que tener una casa de reposo para los muertos, ventilada, limpia, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir.

De: Otro recuento de poemas, Sabines

18.5.10

Harry el lobo

"Oh, lo comprendí todo; comprendí a Pablo, comprendí a Mozart, oí en alguna parte detrás de mí su risa terrible; sabía que estaban en mi bolsillo todas las cien mil figuras del juego de la vida: aniquilado, barruntaba su significación; tenía el propósito de empezar otra vez el juego, de gustar sus tormentos otra vez, de estremecerme de nuevo y recorrer una y muchas veces más el infierno de mi interior.

Alguna vez llegaría a saber jugar mejor el juego de las figuras. Alguna vez aprendería a reír. Pablo me estaba esperando. Mozart me estaba esperando". Hesse


17.5.10

Contratamos sonrisas




La modalidad de ofrecer trabajo en algunos restaurantes de comida rápida consiste en poner un anuncio afuera del establecimiento: "se solicita", sin embargo, la peculiaridad no la encontramos en este novedoso y creativo método, sino que, resulta que las características especificas de las vacantes se resumen en una sola frase, "contratamos sonrisas". Es sorprendente la manera en que una y otra vez el capital sobrepone la forma a la esencia de la cosa. En particular la explotación del trabajo.

7.3.10

Nausicaa





En un futuro lejano, en un mundo post-apocalíptico, la Tierra está cubierta por unos bosques llenos de hongos venenosos e insectos gigantescos. Los humanos han quedado reducidos a unos pocos pueblos aislados que intentan sobrevivir a la plaga mientras luchan entre ellos. En medio de todo esto la princesa Nausicaa, del Valle del Viento, quien ama a los insectos, buscará comprender el origen del problema y conseguir la paz entre los hombres, y sobre todo entre éstos y el bosque.

2.3.10

¡Que el agua no es una mercancía!

"El agua no es ni puede ser mercancía", aunque paguemos por el consumo en casa, y nos vendan botellitas y garrafones, no lo es!!. Pareciera, que la argumentación de que el agua es una mercancía sólo justifica el proceso de privatización que observamos en México y en el mundo entero. En nuestros tiempos observamos que se da una mercantilización forzada del líquido vital. "Lo único que encubre es una violencia extraeconómica, un despojo a la comunidad. En una palabra, se trata de un caciqueo".